No tiene presentación que en una elección presidencial no se haya hecho ni un solo debate televisado en los canales privados. Lo hizo Teleantioquia, con sus limitaciones de cobertura y rating. Pero RCN y Caracol TV, Semana, El Tiempo y El Espectador, y Caracol Radio, que se rasgan las vestiduras con lo que pasa en Venezuela con las restricciones a la prensa, pasaron de agache.
Y digo que los grandes perdedores son los medios y el pueblo, porque el segundo depende de lo que haga el primero. Aunque tenemos cada vez más tenemos una mayor penetración de la internet y las redes sociales para que las personas se enteren de lo que pasa en Colombia y el mundo, lo cierto es que la televisión sigue siendo el canal más efectivo para llegar a todos los estratos sociales.
La razón que esgrimen los grandes medios es que el Presidente Santos no quiso acceder a dar el debate. ¿Y qué pasa si fue así? ¿Es que acaso no se podía realizar el debate con los otros cuatro candidatos? Esa justificación esgrime solo una cosa: el arrodillamiento de los grandes medios a la campaña reeleccionista del Presidente Santos.
Candidatos como Clara López, Martha Lucia Ramírez, Enrique Peñalosa y el mismo Oscar Iván Zuluaga se quedaron en desventaja ante la exposición mediática del Presidente candidato. Así es muy difícil dar la batalla.
El principal papel de los medios y los periodistas es el de ser perros guardianes de la democracia. Y esta vez esos perros parecen tener un amo, y como dice Juan Gossaín dejaron de ser periodistas para convertirse en partidistas. Aún está fresco en mi memoria el despacho de un camión lleno de papel para los periódicos venezolanos. Definitivamente, somos expertos viendo la astilla en el ojo ajeno.
No existen verdades absolutas. Solo expongo mi punto de vista del mundo, o mejor, de los temas que me inquietan.
viernes, 16 de mayo de 2014
viernes, 11 de abril de 2014
Tumbar casas de vicio es vender el sofá
Primera casa de vicio derribada en la localidad de Suba en Bogotá. Foto Mauricio Orjuela.
La medida del Presidente Santos de derribar las ollas es
como el cuento aquel del marido celoso que decide vender el sofá para que su
esposa no le sea infiel. Las redes de micro tráfico no se concentran en las
ollas.
De hecho, allá llegan quienes ya están en la peor etapa de su consumo y
no tienen donde más vivir. Los jíbaros están donde menos pensamos: en la esquina del
barrio, en los colegios, en las universidades, centros comerciales, discotecas, y hasta en la propia casa.
Pero como dicen por
ahí “palo porque bogas y palo porque no”. No me voy a dedicar a darle palo al
Presidente Santos. Es mejor tomar acciones que no hacer nada. Pero ojalá que la
destrucción de las casas de vicio venga a acompañada de un programa de atención
de los drogadictos en etapa avanzada. Porque insisto, ellos no son el problema.
Son solo víctimas de la delincuencia organizada que les vendió la droga hasta
llevarlos a ese estado.
La caída de esos muros debe venir de la mano de un programa
de acompañamiento para esas personas. Algo
así como lo que propone la Bogotá Humana en atención a los enfermos de
la droga. Porque ellos son enfermos y hay que tratarlos como tal. En esos lugares, deberían levantarse,
por ejemplo, centros de atención para ellos. Sólo en ese caso se justificaría
su demolición.
La droga es un veneno que entra a la casa de las personas sin darse
cuenta. Por estos días en radio he escuchado un comercial en la radio de
Naciones Unidas donde Falcao da consejos a los más jóvenes. Él les dice que los
verdaderos campeones no necesitan droga. Pero también le habla a los padres, le
dice que es sano hablar de drogas en la casa con los hijos.
No sé cuál será la edad ideal. Creería yo que es después de
los seis y siete años cuando están en pleno descubrimiento del mundo. O antes
si se lo preguntan a uno. Una conversación franca y abierta a tiempo con
nuestros hijos acerca de lo que es la
droga, cómo se llega a ella y todo lo que produce en nuestras vidas, es
oportuna. Los niños son muy inteligentes y saben captar el mensaje muy bien.
Hasta luego,
@RicardoSolarte
@RicardoSolarte
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