viernes, 10 de junio de 2016

Los refranes de mi papá

Foto tomada por mi hijo Juan David Solarte Gordillo.

Podría resumir la crianza que me dio mi papá Demetrio en cinco refranes. Cada uno tiene una historia, una enseñanza, y sobre todo: mucha experiencia detrás. Seguramente a mi papá se los enseñó mi abuelo Mardoqueo con el ejemplo, igual que él  lo hizo conmigo. Y ahora, yo tengo la responsabilidad de hacerlo con mi hijo: enseñarle grandes lecciones de vida con pequeñas frases cargadas de sabiduría popular.

1.     Quien no vive para servir no sirve para vivir: lo dijo el papa Francisco hace poco, pero a mí me lo enseñó mi papá hace muchos años, cuando apenas era un niño. Y nos daba ejemplo a mis hermanos y a mí de la importancia de servir a los demás sin esperar nada a cambio. Mi casa era un hogar de paso para los desamparados, era tal la obsesión de mi papá por darle la mano al necesitado que se las tenía que ver con mi mamá, quien le reclamaba por su bondad desmedida. De no ser así, la casa  se hubiera convertido en un albergue público.

2.     No pregunte quién se murió sino cuándo es el entierro: con esta frase me llamaba la atención cuando me mandaba a hacer algo y yo le preguntaba por qué o para qué. También era una manera de enseñarme a estar siempre listo, como la Defensa Civil “en paz y emergencia”, sin muchas preguntas, pero sí con muchas respuestas. Mi papá es un hombre práctico, que prefiere hacer más y hablar menos, y eso fue lo que me inculcó.

3.      El buen juez come en la corte: en mi infancia teníamos una tienda de barrio, la primera y única de la cuadra, y como era una empresa familiar todos nos turnábamos para atenderla. Cuando era la hora del almuerzo yo le preguntaba que si podía cerrar para ir a almorzar, y él me contestaba: “el  buen juez come en la corte”. Traducción: ya le traigo el almuerzo para que coma mientras  sigue trabajando.

4.     A pararse y a tenerse, y a trabajar para mantenerse: siempre me despertaba con esa frase. Y la completaba con "y el que trabaja no come paja". No sé si lo hacía de manera consciente pero de alguna manera me estaba preparando, desde niño, para enfrentarme con una vida que no es fácil y en la que hay que trabajar para comer.

5.     En el comer está el vivir, y en el vivir comiendo: tengo una relación especial con la comida, y creo que mis hermanos también. No concibo desayunar “cualquier cosita por ahí” como dicen en la vida moderna, ni saltarme el almuerzo “porque sí o porque no”. Para mí no hay excusa, mi papá me enseñó que la comida es sagrada y que hay que sacarle el tiempo para alimentarse, lo demás puede esperar.

Con estos cinco refranes, acompañados del ejemplo, mi papá hizo de mí y de mis hermanos personas  de bien. Hoy quiero agradecerle tanta sabiduría, y en el mes del padre, rendirle este pequeño homenaje.

lunes, 14 de marzo de 2016

El vaso medio lleno

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Foto tomada de: runrun.es

Sí, debo reconocerlo: tengo la fama de ser optimista obstinado. Veo oportunidades donde otros ven dificultades. Esa es mi naturaleza. Esa es mi esencia. Así que en este entorno de tempestades que atraviesa el país en materia económica, debo escuchar nuevamente a mi instinto para decir que debemos mantener el optimismo. Es eso, o echarnos a la pena y dejarnos arrastrar por las malas noticias que salen todos los días y que nublan aún más el panorama.

De esas malas noticias ya se ha dicho bastante: que el desempleo se dispara, que tenemos un hueco (déficit fiscal) cercano a los 30 billones de pesos que nos dejó la extinta renta petrolera, que ese dinero faltante hay que cubrirlo con impuestos que debemos pagar todos los colombianos, que las calificadoras de riesgo “ya no nos quieren” y que ahora los inversionistas extranjeros la deben pensar dos veces antes de traer su capital a estas tierras. En fin, el rosario de quejas es largo. Y es real. 

Pero también hay razones para no echarnos a morir y  mirar el vaso medio lleno:

·         Colombia dejó de ser país paria: Hace mucho rato que el mundo dejó de vernos como una nación del tercer mundo en la que se matan entre compatriotas por culpa de un conflicto armado y el  narcotráfico. Ahora nos miran con respeto.  Prueba de ello es que estamos en proceso de hacer parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos  OCDE. El club de los países con buenas prácticas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

·         Crecemos por encima del promedio en América Latina: Nos mantenemos como uno de los países con mayor crecimiento de la economía en América Latina (3,1% en 2015). Si bien es menor al ritmo que traíamos, salimos bien librados en tiempos de menores precios en bienes minero-energéticos.

·         Estamos adportas de firmar la paz: Nada más ésta debería ser una razón para mantener el optimismo. Si hemos logrado avanzar con  este lastre del conflicto interno por más de 50 años, imaginemos todo lo que podríamos lograr en  tiempos de paz.

·          Hay avances en materia de equidad: Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Eso es una verdad de a puño. Pero también lo es que estamos dando pasos importantes hacia un país más equitativo. Al gobierno del presidente Santos se le pueden indilgar mil cosas, pero hay que reconocer avances en materia social: hoy se destinan más recursos a la educación que a la guerra (algo histórico), además hay un ambicioso programa de viviendas gratuitas para los más pobres. Eso sin contar que las inversiones en infraestructura vial necesariamente traerán consigo mayor desarrollo de regiones apartadas.

Más bien aprendamos de la crisis. Una de las reglas de oro en materia de inversiones es “no tenga todos los huevos en la misma canasta”. Y eso nos pasó en Colombia, buena parte de los ingresos fiscales se concentraron en la renta minero energética que no duró mucho. Así las cosas estábamos viviendo de ilusiones. Hacíamos cuentas alegres con un dinero que no teníamos.

La lección: las bonanzas deben aprovecharse para ahorrar y guardar para cuando la crisis toque nuestra puerta.