viernes, 3 de mayo de 2013

No más periodistas exiliados



A propósito del atentado que sufrió nuestro colega de Revista Semana, Ricardo Calderón, quiero compartirles algunas reflexiones del exilio. No personales, ojalá nunca pase. Las lecciones son de Hollman Morris e Ignacio (Nacho) Gómez, quienes nos contaron algunos pormenores de esa dolorosa experiencia.

Fue una charla íntima durante la jornada de cierre de la Feria del Libro de Bogotá, en un pequeño salón ubicado en el pabellón Tomás Carrasquilla, con un aforo no superior a las 200 personas. Los invitados: dos grandes periodistas, que no comen cuento, y que investigan hasta la saciedad. Actitud que debería ser aplaudida en una sociedad moderna y vigilante de lo público.

Ignacio o “Nacho” Gómez, como lo conocen en el mundo periodístico, quien hoy se desempeña como subdirector de Noticias Uno, vivió su primer exilio  en la década de los noventa cuando trabajaba en la Unidad Investigativa del diario El Espectador y destapó algo escandaloso desde todo punto de vista: la Brithis Petroleum (BP), envuelta en una importación ilegal de armas al país.

Desde esa vez, Nacho ha tenido que salir de su tierra un par de veces más haciéndole el quite a la muerte. Hoy cumple cinco años y medio con una escolta personal asignada por el Estado y un circuito cerrado de televisión en su casa, pues ha sido saqueada nueve veces.

Nacho fue quien destapó algunos de sus escándalos más repudiables de la era Uribe como las chuzadas del DAS, de las que él mismo fue víctima, y la adquisición del lote en Mosquera de Tomás y Jerónimo Uribe: una operación en la que este par de muchachos se enriquecieron por adquirir una tierra que sólo unos días después sería declarada zona franca por el gobierno de su padre.

Nacho recuerda que fue hasta la Notaría 42 de Venecia en Bogotá, y después de sacar la escritura de la zona franca y encontrarse con los nombre de los hijos del expresidente, llamó a su director Daniel Coronell para contarle la chiva. Pero en lugar de irse para el  noticiero se fue para su apartamento porque tenía un mal presentimiento.

Cuando llegó, sus temores no eran infundados, se encontró con un cuadro desolador: había sido saqueado y su vecina amordazada.  Esa vez se llevaron documentos de investigaciones que adelantaba y algunos papeles de  escándalos que ya habían salido a la luz hace varios años como el de la BP.

En un  país que estaba hechizado, ¿o está?, por la demagogia del presidente Uribe, Nacho se convirtió en “el malo de la película” y recibía insultos y “carterazos” por parte de algunas señoras “furibistas”. El mismo expresidente, dijo ante cámaras, tenerle miedo al loguito de Noticias Uno. Siendo que como dice el refrán: “quien nada debe, nada teme”.

La historia de Hollman Morris no dista mucho de los odios que se sembraron en la era Uribe, quien con su discurso calificaba de “amigo de las Farc” a quienes pensaban distinto de él. En la liberación del ex secuestrado y actual gobernador del Meta, Alan Jara, el periodista tuvo acceso privilegiado al sitio de liberación. Lo que en el argot periodístico llamamos “chiva”, el ex presidente Uribe calificó como “escudarse en su condición de periodistas para ser permisivos, cómplices del terrorismo...”

Esas palabras en vivo y en directo a todo el país acabaron con la paz que se vivía en el hogar de Hollman. Él las estaba oyendo desde la sala de su casa, con su esposa y sus hijos. Y es que de un momento a otro, con esa sola declaración, Hollman se había convertido en blanco de los paramilitares, y su vida y la de su familia estaban en riesgo.

Contando su historia, a Hollman se le quiebra la voz, dice que nunca ha superado el tema de “empacar su vida en una maleta para luego desempacarla nuevamente”. “A mí me encanta viajar, pero si pudiera lo haría sin maletas, eso me dejó marcado para siempre”, sostiene.

No todos corren con la misma suerte

Si bien salir exiliado es una tragedia desde todo punto de vista, hay algunas cosas buenas que han venido después del exilio, como becas en el exterior y premios de periodismo internacionales, donde sí se reconoce la valentía y el coraje de los periodistas. Sin embargo, el caso de Nacho y el de Morris son dos excepciones.  Normalmente el exilio acaba con la vida de las personas.

Este es el caso de Fernando Garavito, autor del libro “El señor de las sombras”, la biografía no autorizada de Uribe Vélez, quien después de salir exiliado murió en un accidente de tránsito en Nuevo México. Garavito también había sido galardonado con el premio de Periodismo Simón Bolivar por su investigación acerca de la toma del palacio de Justicia.  

Lo que busca el exilio es acabar con la honra y la dignidad de las personas. Por ejemplo, Richard Vélez,  otro periodista colombiano exiliado, no ha corrido con la suerte de Nacho y Morris, y por el contrario, le ha tocado cambiar la pluma y los micrófonos para ser celador de un lavadero de autos en Estados Unidos.

No esperemos a que Ricardo Calderón, periodista de Revista Semana, quien fue víctima de un atentado esta semana, tenga que exiliarse. Esos hechos se deben esclarecer cuanto antes, pues como lo dice Francisco Zarco, “la prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”.

Así las cosas, cuando se amenaza o se silencia a un periodista que defiende la verdad, se amenaza a todo un pueblo, a sus instituciones, sus libertades y su sistema democrático.

En el camino de la reparación de las víctimas, donde los periodistas también han caído, el presidente Santos dio un paso importante en sanar viejas heridas al hacerle un reconocimiento al periodista y actual gerente de Canal Capital, Hollman Morris.

En un acto público, el pasado nueve de febrero, día del periodista, le dijo: "usted es un gran periodista, además estuvo en el mismo programa que yo estuve en la Universidad de Harvard; fue el mejor año de mi vida, no sé si fue el mejor año de su vida; pero aquí le hago a usted un reconocimiento. Usted es un gran periodista y ojalá siga ejerciendo el periodismo".

Ese es el camino

Seguir a Ricardo Solarte en Twitter: www.twitter.com/@ricardosolarte

jueves, 2 de mayo de 2013

3 claves para ser un buen gerente de mercadeo



Foto: www.infomarketing.pe 

El publicista mexicano Fernando Anzures, quien se desempeñó como gerente general de Coca Cola Colombia y ha trabajado para importantes firmas como Procter & Gamble y Philip Morris, nos entrega, en exclusiva para mi blog y sus lectores,  las tres claves para ser un buen gerente de mercadeo:

1.       Hay que actualizarse. El pensum con el que usted estudió su pregrado en mercadología o una especialización en gerencia de mercadeo en la mejor universidad del país o del mundo, probablemente quedó obsoleto. Suena cruel pero es así. Y no es porque el consumidor cambie todos los días, es probable que el de hoy sea el mismo de siempre: con las mismas necesidades de Maslow. Lo que sin duda ha cambiado es la manera en que él se comunica e interactúa con las demás personas, y por ende con las marcas. Eso necesariamente implica la revisión de la estrategia de mercadeo, no de manera anual como se hacía antes, sino  mensual. Pensar que nos las sabemos todas y que no requerimos actualizar nuestros conocimientos sería un acto de soberbia, y los consumidores no perdonan la soberbia.

2.       Abrirse a un mercadeo global. Los colombianos estamos acostumbrados a marcas locales. No hablamos ni estudiamos los casos exitosos, ni los grandes fracasos de las marcas internacionales. Debemos entender que este mundo se globalizó y que en la medida que el país firme tratados de libre comercio, más temprano que tarde tendremos una competencia global que nos puede afectar si no estamos preparados para enfrentarla. El mercado local ya es nuestro porque lo conocemos. Pero hay mucho conocimiento acerca de estrategias usadas por marcas multinacionales que debemos adquirir, si estamos pensando en conquistar nuevos mercados, o si queremos mantenernos como los líderes en casa  cuando nos llegue la competencia.

3.       Aprender de los viejos y de los jóvenes. Si las fórmulas de marketing fueran la panacea, las empresas dieran saltos en sus ventas por encima del 50%. Pero eso no ocurre, normalmente un buen año se considera como tal, cuando se logra un crecimiento igual o levemente por encima de la inflación. Por eso no debemos pensar de manera extremista. Por ejemplo, “si no estoy en redes sociales estoy muerto”. Lo mejor es aprender y adoptar los mejores consejos y estrategias de los jóvenes y de los viejos. Cada uno tiene algo valioso que aportar nuestro plan de mercadeo.


Seguir a Ricardo Solarte en Twitter: www.twitter.com/@ricardosolarte